Centroamérica

El Salvador, un país a la espera

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El pasado 15 de marzo fue un día histórico en El Salvador. Apenas cuatro horas después del cierre de los colegios electorales un Mauricio Funes exultante se autoproclamaba presidente electo. Ya no cabía duda, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) había ganado las elecciones. Una marea roja inundó las calles, mientras en la acera de enfrente los simpatizantes de Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) se sumieron en un silencio generalizado del que ya no se recuperarían. Fue así como, después de una sucia campaña que no les sirvió, la derecha perdía las elecciones. Con una diferencia de tan solo 2,54 puntos, un 48,73% frente al 51,27% logrado por el partido de la antigua guerrilla, Rodrigo Ávila aceptaba responsablemente la derrota. Fue así como, después de más de una década de cruenta guerra civil y 17 años de gobiernos derechistas, la izquierda alcanzaba el poder por vez primera en la historia de este pequeño país.

Conseguido el cambio, la alternancia política supone un nuevo paso hacia la consolidación de la democracia dentro de la difícil etapa que se inició tras la firma de los acuerdos de Paz de aquel 16 de enero de 1992. Sin embargo, pasada la euforia inicial, la ciudadanía resta a la espera de lo que sucederá a partir del próximo 1 de Junio, cuando Funes asuma la presidencia. Lo ajustado de los resultados es un buen indicador para apreciar el alto grado de polarización existente dentro de la sociedad salvadoreña. Una tensa calma enrarece el ambiente y no es para menos. El nuevo presidente hereda graves problemas internos en una coyuntura externa nada favorable para un mandato ejemplarAvila derrotado.

A nivel político deberá ser capaz de hacer frente a las contradicciones que previsiblemente puedan surgir entre los intereses del partido y las demás fuerzas integradas en su propuesta de gobierno. “El FMLN solo no iba a representar el país”, afirma sorprendentemente el próximo vicepresidente, el ex profesor y ex comandante guerrillero Salvador Sánchez Cerén. “Éste no va a ser un gobierno de partido”. El mantenimiento de la cohesión interna y de su independencia política van a ser, pues, dos de los principales retos que Mauricio va a tener que afrontar en el futuro inmediato.

En esta coyuntura la crisis mundial supone otro inconveniente añadido a la ya de por sí precaria situación económica salvadoreña. Con más de 2,5 millones de emigrantes en los Estados Unidos, que es además su principal socio comercial, las remesas que estos envían a sus familias suponen la segunda fuente de ingresos más importante. Los inconvenientes de una economía dolarizada y el hecho de que la oligarquía empresarial haya formado parte tradicionalmente del sector más conservador, suponen un handicap para un país tan desequilibrado como El Salvador, donde más del 36% de la población vive en la pobreza. Y en un clima de violencia cotidiana. Cada vez más organizadas las “maras” han ido tomando poco a poco el control de la calle con una media de entre 8 y 12 asesinatos diarios. Detrás de éstos se amaga la corrupción, y sus consecuencias más directas, la extorsión, el narcotráfico, la prostitución y la venta de armas, pero también la incapacidad de los dirigentes y de los mandos policiales para hacer frente a este problema. Mesa electoral de La Feria

No será fácil”, comenta José. “Pero mas allá de resolver las cosas (Funes) puede sentar las bases de un nuevo país. Solo vale aclarar una cosa, no ganó el FMLN, ganó Funes. Yo voté por él en honor a la esperanza.” El Frente Farabundo Martí tampoco se libra, pues, de las críticas ni de la desconfianza. Pese al simbolismo del triunfo histórico no conviene olvidar que las deficiencias del país no son fácilmente solventables y que el tan anhelado cambio, de producirse, solo será posible a través de un costoso proceso a largo plazo.

Este artículo ha sido publicado en la Revista Pueblos.


Apuesta por el cambio en El Salvador

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Se ve, se siente, Mauricio presidente”. Una marea de camisetas rojas tomaba la calle en la tarde de ayer, poco después del cierre de los colegios electorales, para celebrar la tendencia favorable a su partido que arrojaban los resultados de los primeros recuentos de votos. Era aún muy temprano para proclamar una victoria pero el pueblo ya sabía que el “Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional” (FMLN) había ganado las elecciones. Al otro lado de la avenida, los simpatizantes de “Alianza Republicana Nacionalista” (ARENA) se sumían en un silencio generalizado, visiblemente preocupados y afligidos por la derrota latente.

Horas más tarde, efectivamente, un Mauricio Funes, pletórico, se autoproclamaba nuevo presidente electo de El Salvador en la que calificó como “la noche más feliz de mi vida”. “Estamos iniciando una etapa nueva de nuestrahistoria ”, añadió, “Ahora, a partir de este momento, ARENA pasa a la oposición”. “Es hora de avanzar hacia el futuro y dejar atrás la venganza del pasado”.

Desde la sede del COENA y rodeado del partido, Rodrigo Ávila aceptaba democráticamente su derrota poniendo fin a una larga_mg_52231 jornada de tensa calma. Con una diferencia de 2,54 puntos la derecha perdía con un 48.73 % frente al 51,27 % obtenido por la izquierda. “El país está totalmente dividido”, dijo, pero “vamos a respetar los resultados”. Dando ejemplo de una actitud responsable, después de una sucia campaña que no les sirvió, finalizaba visiblemente emocionado su discurso. “En política unas veces se logra el objetivo, otras no” pero “seremos unaoposición vigilante ”. Hoy el país pasa página y se inicia en un nuevo capítulo, todavía por escribir…


Crónica de un país polarizado

Simpatizante areneraRodrigo Ávila, candidato presidencial por ARENA para las próximas elecciones generales de El Salvador, llega hoy con retraso a su cita con los mercaderes de “La Tiendona”, quienes le tienen preparada una exquisita sopa. Lejos de estar fría, lo cierto es que se quema la boca. A pesar del incidente, afirma, siente que la victoria será suya, aunque los sondeos muestren una simpatía creciente por su opositor, Mauricio Funes, y el partido al que éste representa, el FMLN. Advierte además, mientras lanza a su público delantales y camisetas, que el triunfo de las izquierdas significaría entregarle las llaves del país a Hugo Chávez, el cuál, según él, les está financiando a los revolucionarios la campaña y, como dice aquel dicho mexicano, “el que paga al mariachi, elige la canción”.

Pero lo cierto es que 17 años después de que ARENA asumiera el mando tras la firma de los acuerdos de paz, El Salvador sigue viviendo en la postguerra. La situación económica y la inseguridad ocasionada por los altos índices de violencia, que se traducen en una media de 12 crímenes diarios para el pasado mes de enero, son los dos principales problemas que acechan al país desde entonces. Con todo ello no es de extrañar que la palabra “cambio” haya empezado a impregnar taxis, bares, tiendas y demás lugares de paso, tocada por una especie de halo mágico que difícilmente pasa desapercibido. Sentado en su sillón, y con un enorme póster del Che sobre su cabeza, Dagoberto Gutiérrez nos recibe con su mirada intensa. Para el vicerrector de la Universidad Luterana el cambio de por sí sería la propia llegada de las izquierdas al poder; un hecho histórico teniendo en cuenta que ello nunca ha sucedido anteriormente en El Salvador. ¿Estaría preparado el FMLN para gobernar? Como muchos otros salvadoreños es consciente de que las deficiencias del país no son fácilmente solventables y que solo será posible a través de un costoso proceso a largo plazo. El Frente de Farabundo Martí tampoco se libra, pues, de las críticas ni de la desconfianza y es que entre el grupo de “los amigos de Funes” encontramos a personajes de muy oscuro pasado.

A dos horas y media de la capital, en Segundo Montés, los niños juegan y esperan la tarde, ajenos a estrategias y formalismos políticos. Sus padres, veteranos de la guerrilla en su mayoría, sueñan con un sistema de salud integral y becas educativas, una pensión digna para los lisiados. Sigue fresco en su memoria el recuerdo de la guerra civil, los familiares muertos y los desaparecidos. Antes de volver a casa Mayor Melo hace una última petición: que se recojan sus testimonios, que se sepa la verdad, porque para que sanen las heridas queda pendiente todavía una Ley de Memoria Histórica. Haciendo cábalas de futuro, partidarios de uno y otro lado esperan ver, impacientes, los resultados electorales del próximo 15 de marzo.